Soy Swasthik, un estudiante de Tamil Nadu, India. Crecí en una familia de clase media donde la educación y la disciplina fueron mis guías constantes. Mi padre trabaja como consultor técnico y mi madre es profesora, así que mientras crecía, mi vida era estructurada y predecible. El colegio, la casa y la rutina definieron la mayor parte de mis primeros años.
Hasta el octavo grado, el cambio comenzó cuando conocí a mi profesor de ciencias sociales, quien me animó a salir de mi zona de confort. A través de concursos, programas y oportunidades externas, me expuso a experiencias más allá de los libros de texto. Con el tiempo, desarrollé una fascinación silenciosa por la cultura japonesa a través del anime y la narración de historias, lo que me llevó a explorar vocabulario básico de japonés en mi tiempo libre.
Siempre me interesó la cultura japonesa. Cualquiera que visita Japón, regresa como una persona completamente diferente.
Esta simple curiosidad se convirtió finalmente en el punto de partida de algo mucho más grande. Y mi destino finalmente me llevó a un programa de intercambio en Japón, donde experimenté de cerca su cultura y su forma de vida, aprendiendo el estilo de vida de los japoneses.
Descubriendo el programa
Conocí el Asia Kakehashi Project a través de AFS Intercultural Programs, una organización que colaboraba con mi colegio.

Este programa se llama Asia Kakehashi Project, es una iniciativa del gobierno de Japón que se enfoca en traer estudiantes a Japón y, pues, darles un año de experiencia.
Aunque ahora la duración se ha acortado, el propósito sigue siendo el mismo: construir puentes culturales. La visión del programa resonó mucho conmigo porque no solo quería visitar Japón; quería entenderlo, sentirlo y convertirlo en un recuerdo para toda la vida.
Mi proceso de postulación
El proceso de postulación consistió en tres etapas principales.
La preliminar se centró en detalles básicos, junto con algunas respuestas sobre mi motivación y expectativas. Escribí con sinceridad sobre mi curiosidad por la cultura japonesa y el aprendizaje del idioma, y cómo a menudo exploraba Japón por mi cuenta en mi tiempo libre para entender las ideas y los valores que dan forma a su sociedad.
Pasar a la etapa principal de la postulación significaba completar preguntas más detalladas, y los ensayos eran revisados por los organizadores y los funcionarios de la embajada. Esta parte iba más allá de simplemente enumerar logros, ya que fomentaba una reflexión más profunda sobre la mentalidad, la apertura a nuevas experiencias y la capacidad de adaptación.

La etapa final del proceso fue la entrevista. Llegar a la etapa principal de la postulación significaba rellenar formularios más detallados y escribir ensayos que fueron revisados por los organizadores y los funcionarios de la embajada. Esta parte no se trataba solo de destacar los logros, sino que me impulsó a reflexionar sobre mi mentalidad, lo abierto que estoy a nuevas experiencias y mi capacidad de adaptación.
Actividades extracurriculares y mi vida personal
Paralelamente a mis estudios, poco a poco empecé a explorar el emprendimiento a través de programas de innovación y conecté con comunidades y organizaciones que reunían a estudiantes para desarrollar ideas y colaborar. Formar parte de estos espacios me expuso a nuevas perspectivas, conversaciones y un pensamiento creativo más allá del aula. A pesar de ser introvertido, disfrutaba conocer a gente que hiciera lluvias de ideas, usara su capacidad cognitiva y fuera realmente apasionada por generar un cambio. Estas experiencias me parecieron emocionantes y diferentes de mi rutina escolar habitual.
A pesar de esta exposición, por naturaleza, era alguien que mantenía un círculo social pequeño. Me sentía más cómodo con lo familiar y la profundidad que con los círculos grandes. Iniciar conversaciones con gente nueva o entrar en espacios sociales desconocidos nunca había sido fácil para mí. Fue precisamente esta vacilación para abrirme rápidamente lo que más tarde hizo que mi experiencia de intercambio fuera más impactante, ya que poco a poco aprendí a superarla y a sentirme más cómodo interactuando con gente y entornos nuevos.
La vida en Japón
Mi rutina diaria consistía en levantarme sobre las 7:30 a. m., ir al instituto, asistir a clases de japonés y unirme al club de baloncesto después de las clases. El deporte me ofrecía un espacio de comunicación donde los gestos y el lenguaje de signos reemplazaban al vocabulario, facilitando la participación. Por las tardes, hacía los deberes y pasaba el rato con mis amigos.

Llegada y adaptación
El programa estaba totalmente financiado por el gobierno japonés y la logística la gestionaba AFS. Este apoyo económico me permitió enfocarme completamente en la experiencia en vez de preocuparme por el dinero.
A pesar de estar emocionado, la primera etapa fue difícil. Extrañaba mi casa y me costaba socializar.
Como extrañaba mi casa y tuve que salir de mi zona de confort de repente, no conecté muy bien con la gente al principio.
Para sobrellevarlo, creé pequeños anclajes emocionales. Una llamada de 5 minutos con mi madre me motivaba y me calmaba al instante. Igual de importantes fueron las amistades que hice con otros estudiantes de intercambio. Compartir esa vulnerabilidad se convirtió en la base de nuestra conexión.

Ellos también estaban pasando por una experiencia parecida y estábamos descubriendo cosas nuevas juntos.
Aprendizaje y observaciones culturales
La limpieza en los espacios públicos me hizo reflexionar, llevándome a cuestionar las prácticas medioambientales de mi país. Las diferencias en el tono de las conversaciones también eran notables, ya que las interacciones en japonés me parecieron más tranquilas en comparación.
Un momento de aprendizaje especialmente significativo ocurrió a través de una interacción con un amigo cuya comunicación me pareció cortante, directa y, a veces, tremendamente grosera. Tras hablar del tema, me di cuenta de que para él, ser tan directo era culturalmente normal. Esa persona nunca endulzaría sus palabras ni intentaría ser amable innecesariamente. Al principio, yo era muy escéptico al respecto y evitaba tratar con gente así, pero poco a poco comprendí que ellos tampoco estaban equivocados y que yo necesitaba considerar ambos puntos de vista. Este fue un gran aprendizaje cultural para mí, sobre cómo la cultura, el modo de vida y la rutina diaria pueden realmente moldear toda la personalidad de alguien e influir también en los demás.
Conclusión
Volver a casa me trajo reflexión y responsabilidad. Ponerse al día académicamente después de meses fuera fue un desafío, pero lo afronté con aceptación, porque no había nada más que pudiera hacer. La palabra “Kakehashi”, que significa puente, cobró un significado personal para mí.

Consejos para futuros postulantes
Para los estudiantes que estén considerando esta oportunidad, les recalcaría la importancia de tener una curiosidad genuina. Este programa no está pensado para alguien que solo quiera hacer un viaje internacional, sino para alguien que de verdad quiera explorar la cultura, el idioma y la vida cotidiana de Japón.
Deberías tener un gran interés por aprender japonés y explorar la cultura japonesa.
La autenticidad también es importante durante todo el proceso. Ya sea al escribir los ensayos o al responder las preguntas de la entrevista, mostrarte como realmente eres permite que los organizadores te entiendan y te apoyen mejor.
Y lo más importante, prepárate para crecer a través de los desafíos. La nostalgia, las barreras del idioma y las dificultades de adaptación son parte natural del viaje, pero también son lo que hace que la experiencia sea transformadora.
Para todos los que sueñan con explorar Japón a fondo, viviendo dentro de su cultura en lugar de solo observarla, el Asia Kakehashi Project ofrece una gran oportunidad para aprender, conectar y crecer.




