Hola, soy Hazal y pasé el año académico 2025–2026 en Estados Unidos como estudiante de intercambio a través del Kennedy-Lugar Youth Exchange and Study (KL-YES) Program, que me otorgó una beca del 100 %. Me acogieron en Wisconsin, donde cursé el penúltimo año de secundaria en River Falls High School y viví de primera mano la vida escolar estadounidense. Mi año de intercambio estuvo lleno de nuevas experiencias, desafíos, amistades y aprendizajes que me ayudaron a crecer de formas que nunca había imaginado. Con este artículo, espero compartir mi experiencia, mostrarte un poco de cómo es realmente participar en un programa de intercambio cultural e inspirar a otros estudiantes que sueñan con estudiar en el extranjero a explorar las oportunidades que tienen a su alcance. Si estás considerando pasar un año de intercambio, espero que mi historia te anime a dar ese primer paso.
El sueño que tenía desde niña
Descubrí el Kennedy-Lugar Youth Exchange and Study (KL-YES) Program cuando cursaba el año preparatorio. Encontré la cuenta del programa en redes sociales y enseguida me llamó la atención. Estudiar en Estados Unidos había sido mi sueño desde niña, desde que tengo memoria. Aunque siempre había imaginado cómo sería vivir allá, nunca había estado segura de que ese sueño pudiera hacerse realidad. Descubrir KL-YES me dio la oportunidad de intentarlo, así que decidí postularme y ver adónde me llevaría esa aventura.
El proceso de postulación constaba de varias etapas: una solicitud preliminar en línea, entrevistas presenciales, un examen de inglés y una entrevista familiar. Para mí, las entrevistas fueron especialmente difíciles porque estaba bastante nerviosa. Sin embargo, no recuerdo que las preguntas fueran imposibles de responder. Más bien, creo que la clave fue aprender a manejar la emoción y ser fiel a mí misma. Al mirar atrás, pienso que ser auténtica fue más importante que intentar mostrarme como una candidata perfecta.
El momento en que supe que me habían aceptado sigue siendo uno de mis recuerdos favoritos. Como mi escuela quedaba lejos de casa, en ese entonces vivía en una residencia estudiantil. Curiosamente, la noche anterior había soñado que había llegado mi correo de aceptación. Me desperté con el corazón acelerado, emocionadísima, y revisé mi bandeja de entrada de inmediato. Para mi sorpresa, el correo realmente estaba ahí. El sueño del que acababa de despertar se había hecho realidad.
Estaba feliz. Un sueño que tenía desde niña por fin se estaba cumpliendo e iba a pasar todo un año académico en Estados Unidos. En ese momento, apenas podía imaginar cuánto me enseñaría esa experiencia, a cuántas personas conocería o lo distinta que sería mi manera de verme a mí misma cuando regresara a casa.
Un vistazo a KL-YES
El Kennedy-Lugar Youth Exchange and Study (KL-YES) Program es una iniciativa de intercambio cultural que ofrece a estudiantes de secundaria de los países participantes la oportunidad de pasar un año académico en Estados Unidos. Uno de los aspectos más importantes del programa es que ofrece una beca del 100 %, con todos los gastos cubiertos, que permite a los estudiantes seleccionados vivir la experiencia de la secundaria estadounidense sin tener que pagar por su cuenta los costos del intercambio.
Durante su año en el extranjero, los estudiantes asisten a una secundaria local, viven con una familia anfitriona y se integran a una comunidad diferente de la suya. Sin embargo, la experiencia va más allá de estudiar en otro país. El intercambio cultural es el centro del programa: los estudiantes aprenden sobre la cultura estadounidense mientras comparten sus propias tradiciones, perspectivas y experiencias cotidianas con las personas que conocen.
El programa se creó como parte de los esfuerzos por fortalecer el entendimiento mutuo entre Estados Unidos y las sociedades de mayoría musulmana después de los atentados del 11 de septiembre. Al reunir a jóvenes de distintos contextos culturales, genera oportunidades para cuestionar estereotipos, construir relaciones significativas y desarrollar un mayor aprecio por las diferencias culturales.
Para mí, este intercambio cultural fue una de las partes más significativas de la experiencia. Mudarme a Estados Unidos significó descubrir un nuevo sistema educativo, adaptarme a una forma de vida diferente y conocer a personas cuyas experiencias eran distintas de las mías. Al mismo tiempo, tuve la oportunidad de hablarles de Turquía, responder sus preguntas sobre mi país y compartir aspectos de mi cultura que quizá no habrían conocido de otra manera.
En definitiva, el KL-YES Program es mucho más que pasar un año en el extranjero. Es una oportunidad para crear vínculos entre culturas, ganar independencia y volver a casa con una visión más amplia del mundo.
Cuatro pasos hacia el año de intercambio
La postulación al KL-YES Program incluía cuatro etapas principales, cada una pensada para evaluar si los postulantes eran aptos para la experiencia de intercambio. Aunque al principio el proceso puede parecer intimidante, aprendí que no se trataba simplemente de aprobar exámenes o dar respuestas perfectas. También se trataba de mostrar quién era y demostrar que estaba preparada para vivir en una cultura diferente.
La primera etapa era una solicitud preliminar en línea. Los postulantes proporcionaban información sobre sí mismos para determinar si cumplían con los requisitos iniciales del programa. Quienes superaban esta etapa recibían una invitación a entrevistas presenciales, que constaban de dos partes: una entrevista individual y una grupal.
Para mí, las entrevistas probablemente fueron la parte más difícil del proceso porque suelo ponerme nerviosa en situaciones que me importan mucho. Sin embargo, las preguntas en sí no me parecieron especialmente difíciles. Más bien, creo que lo más importante era manejar mi emoción y expresarme con claridad. Al mirar atrás, pienso que mantener la calma suficiente para mostrar mi verdadera personalidad me ayudó a lo largo de esta etapa.
La tercera etapa era un examen de inglés diseñado para evaluar el dominio del idioma de los postulantes. Personalmente, esta parte no me pareció especialmente difícil. Después de aprobar el examen de inglés, pude pasar a la última etapa: una entrevista familiar. Durante esta etapa, representantes que trabajaban con el programa se reunieron con mi familia como parte del proceso de selección.
Es importante aclarar que estas fueron las etapas que viví como postulante de Turquía. Aunque el objetivo general del KL-YES Program es seleccionar a estudiantes preparados para participar en un intercambio cultural, los requisitos específicos y los procedimientos de selección pueden variar de un país participante a otro. Por eso, los postulantes siempre deben revisar los requisitos y el proceso de postulación correspondientes a su propio país.
Mis primeros pasos en una secundaria estadounidense
Cuando llegué a Estados Unidos, todo me parecía nuevo y emocionante. Uno de los momentos que recuerdo con más claridad fue ver la Estatua de la Libertad cuando llegué por primera vez a Nueva York. Había soñado durante tanto tiempo con visitar Estados Unidos que verlo con mis propios ojos me hizo darme cuenta de que por fin estaba ahí. Después viajé a Wisconsin, donde pasaría el año académico y cursaría el penúltimo año en River Falls High School.
Una de las mayores diferencias que noté fue el sistema educativo estadounidense. En Turquía, los estudiantes generalmente siguen un plan de estudios más fijo, mientras que en mi secundaria estadounidense tenía más libertad para elegir materias relacionadas con mis intereses. Aprecié mucho esa flexibilidad porque podía explorar materias que me gustaban y concentrarme más en lo que me interesaba. Sentí que poder elegir me ayudó a rendir mejor académicamente e hizo que la escuela me resultara más interesante.
Hacer amistades en la escuela fue otra parte memorable de mi experiencia. Mis compañeros me recibieron con los brazos abiertos desde el principio y muchos sentían curiosidad por Turquía. Me hacían preguntas sobre mi país y querían saber más sobre el lugar de donde venía. Había pensado que adaptarme a una escuela nueva y conocer a personas de otra cultura podría llevar mucho tiempo, pero su apertura hizo que la transición fuera más fácil.
Pronto establecí una rutina entre semana. Iba a la escuela y asistía a los entrenamientos de porristas, que se convirtieron en una parte importante de mi vida en Estados Unidos. Los fines de semana, solía reunirme con amigos o ir al centro comercial. Estas actividades cotidianas se convirtieron en algunos de mis recuerdos favoritos porque me permitieron vivir el día a día de una adolescente estadounidense, más allá de simplemente visitar el país como turista.

Al mirar atrás, asistir a una secundaria estadounidense significó mucho más que aprender en un salón de clases diferente. Me dio la oportunidad de conocer un nuevo sistema educativo, entablar amistades con personas de distintos orígenes y sentirme más cómoda en un entorno desconocido. Poco a poco, lo que al principio me resultaba nuevo empezó a formar parte de mi vida cotidiana.
La familia anfitriona que me encontró
Una de las partes más importantes de mi experiencia de intercambio fue vivir con una familia anfitriona. Como iba a pasar todo un año académico en Estados Unidos, mi familia anfitriona tendría un papel importante en mi vida cotidiana. Sabía que adaptarme a un nuevo hogar podía llevar tiempo, pero no alcanzaba a imaginar cuánto marcaría esa experiencia mi año en el extranjero.
Mi primera familia anfitriona y yo teníamos estilos de vida y expectativas diferentes, lo que nos dificultaba adaptarnos a la convivencia. Con el tiempo, quedó claro que no éramos la mejor opción los unos para los otros, así que decidí cambiar de familia anfitriona. Aunque fue una situación difícil de manejar en un país extranjero, también me llevó a una oportunidad inesperada y muy significativa.
En ese momento, yo formaba parte del equipo de porristas de mi escuela. Durante una reunión de Año Nuevo con el equipo, mi entrenadora me escuchó hablar de que necesitaba una nueva familia anfitriona. Me ofreció una habitación en su casa y su amabilidad me conmovió mucho. Ya tenía una buena relación con ella gracias al equipo, así que la idea de vivir con alguien que conocía y en quien confiaba me dio tranquilidad. Después de que la coordinación de mi programa aprobara el acuerdo, me mudé a su casa y ella se convirtió en mi mamá anfitriona.
Vivir con mi entrenadora transformó mi experiencia de una manera maravillosa. Sentí una calidez y un sentido de pertenencia que hicieron más fácil estar tan lejos de mi propia familia. Tener a alguien que ya conocía y con quien me sentía cómoda me dio una mayor sensación de seguridad, y su casa se convirtió en un lugar donde pude sentirme más estable y apoyada.
Al mirar atrás, esta experiencia me enseñó que encontrar un segundo hogar no siempre sucede exactamente como lo imaginas. A veces, los cambios inesperados te acercan a personas que hacen tu experiencia más significativa. Nunca había imaginado que mi mamá anfitriona se convertiría en una parte tan importante de mi año de intercambio, pero su amabilidad dejó una huella duradera en mi vida. Su disposición a abrirme las puertas de su casa me mostró cuánto puede significar la generosidad de una persona cuando estás lejos de todo lo que conoces.
Romper estereotipos en ambas direcciones
Antes de ir a Estados Unidos, tenía ciertas expectativas sobre cómo serían los estadounidenses. Sin embargo, mi experiencia resultó aún más positiva de lo que había imaginado. Me sorprendió gratamente lo cálida, servicial y hospitalaria que era la gente.Vivir en otro país me permitió entender que una cultura no puede comprenderse por completo a través de estereotipos o impresiones de otras personas.
También noté que muchos estadounidenses sabían poco sobre Turquía. Cuando les decía de dónde era, algunos asociaban de inmediato mi país con Estambul, Capadocia o los kebabs. Aunque son aspectos conocidos de la cultura turca, Turquía tiene mucho más que ofrecer. Por ejemplo, yo soy de Rize, una ciudad de la región del mar Negro, y quería que las personas entendieran que mi país tiene una gran diversidad geográfica y cultural. Estas conversaciones me dieron oportunidades para mostrarles aspectos de Turquía que quizá nunca habrían descubierto de otra manera.
Compartir mi cultura fue una parte importante de la experiencia de intercambio. Durante Civic Education Week, una semana en la que cada estudiante presenta su país y su cultura, tuve oportunidades de dar a conocer la cultura turca tanto en una universidad como en mi escuela. Las personas hacían preguntas sobre mi país y yo disfrutaba explicar nuestras tradiciones y nuestra forma de vida. Esa experiencia me ayudó a reconocer cuánto hay para compartir y lo valioso que es contar con oportunidades de intercambio cultural.
Más allá de estas conversaciones, descubrí que los hábitos cotidianos pueden revelar diferencias culturales significativas. Algo que me sorprendió fue lo rápido que parecían llevar los estadounidenses sus rutinas diarias, incluidas las comidas. En Turquía, las comidas suelen ser oportunidades para sentarse juntos, conversar y pasar tiempo con la familia o los amigos. Preparar la comida también puede llevar bastante tiempo, mientras que muchas de las comidas cotidianas que conocí en Estados Unidos eran más rápidas y prácticas. Ninguna de las dos formas era necesariamente mejor; simplemente reflejaban hábitos y estilos de vida diferentes.
Viajar dentro de Estados Unidos también me ayudó a ver lo diverso que es el país. Uno de mis lugares favoritos fue Houston, Texas, que visité con mi segunda familia anfitriona. Disfruté especialmente la influencia de la cultura mexicana y la oportunidad de pasar tiempo cerca del mar. Visitar diferentes lugares me mostró que Estados Unidos no tiene una única cultura uniforme. Así como Turquía tiene muchas identidades y tradiciones regionales diferentes, Estados Unidos tiene su propia diversidad y cada lugar ofrece una experiencia distinta.

En definitiva, mi año de intercambio me enseñó que el intercambio cultural no consiste solo en aprender cómo viven otras personas. También consiste en cuestionar nuestras propias ideas preconcebidas, escuchar distintas perspectivas y reconocer la diversidad que existe dentro de cada país. Llegué a Estados Unidos con ciertas ideas sobre su gente y su cultura, pero volví con una visión mucho más amplia tanto de Estados Unidos como de mi propio país.
Aprender a valerme por mí misma
Aunque pasar un año en Estados Unidos fue una oportunidad increíble, no siempre fue fácil. La parte más difícil de la experiencia fue estar lejos de mi familia durante tanto tiempo. Incluso rodeada de nuevos amigos y oportunidades emocionantes, había momentos en que extrañaba mi hogar y deseaba estar con las personas que quería. Mudarme a otro país significó dejar atrás las rutinas conocidas, las relaciones y las comodidades que siempre había dado por sentadas.
El comienzo fue especialmente difícil. Adaptarme al mismo tiempo a una nueva cultura, un sistema escolar diferente y un hogar desconocido podía resultar abrumador. Mi experiencia con la primera familia anfitriona hizo que esta adaptación fuera aún más difícil y hubo momentos en que me sentí sola. Aunque finalmente encontré un hogar más cómodo con mi segunda familia anfitriona, aprender a afrontar estos desafíos fue una parte importante de mi experiencia.
Otro gran cambio fue aprender a manejar mi vida cotidiana con más independencia. En casa, estaba acostumbrada a tener a mi familia cerca. En Estados Unidos, tuve que sentirme más cómoda tomando mis propias decisiones, cumpliendo con las responsabilidades diarias y resolviendo las cosas cuando algo no salía según lo previsto. Al principio era algo nuevo para mí, pero poco a poco aprendí a confiar más en mí misma y a asumir una mayor responsabilidad por mis decisiones.
Estar lejos de casa también me hizo apreciar a mi familia de otra manera. Cuando ves todos los días a las personas que quieres, puede ser fácil pasar por alto cuánto significa su presencia para ti. Pasar tanto tiempo lejos de mi familia me ayudó a reconocer la importancia de esas relaciones y a valorar aún más los momentos que compartía con ellas.
Al mirar atrás, me doy cuenta de que las partes más difíciles de mi año de intercambio también fueron oportunidades para crecer. Aprendí que ser independiente no significa dejar de necesitar a las personas que quieres. Significa aprender a desenvolverte en situaciones desconocidas llevando contigo el apoyo, los valores y las experiencias que te han dado. Al terminar mi año en el extranjero, era más capaz de afrontar los desafíos por mi cuenta, y eso fue una de las cosas más valiosas que me llevé de regreso a Turquía.
La confianza con la que regresé
Cuando pienso en mi año de intercambio, uno de los mayores cambios que noto en mí es cuánto ha crecido mi confianza. Antes de ir a Estados Unidos, a veces me costaba confiar en mí misma y no siempre reconocía mis propias capacidades. Mudarme a un país completamente nuevo me desafió a salir de mi zona de confort, conocer a personas de distintos orígenes y adaptarme a situaciones que nunca había vivido. Poco a poco, empecé a creer más en mí y a sentirme más cómoda con quien era.
Vivir en el extranjero me enseñó que era capaz de mucho más de lo que había imaginado. Tenía que comunicarme en inglés todos los días, hacer amistades en un entorno desconocido y afrontar desafíos sin tener siempre a mi familia cerca. Cada experiencia, emocionante o difícil, me ayudó a darme cuenta de que podía aprender, adaptarme y encontrar mi camino en situaciones desconocidas. Volví a Turquía con una mayor confianza en mis propias capacidades.
La experiencia también influyó en cómo pensaba sobre mi futuro profesional. Antes del intercambio, había considerado estudiar Derecho. Sin embargo, pasar un año en un entorno de habla inglesa me ayudó a mejorar mi dominio del idioma y a descubrir un interés más fuerte por la traducción y la interpretación. Empecé a pensar en cómo podría usar mis habilidades lingüísticas y mi comprensión de distintas culturas en mi futura profesión. Aunque mis planes todavía estaban tomando forma, la experiencia me animó a explorar posibilidades que antes no había considerado con tanta seriedad.
Más allá de mis opciones profesionales, el intercambio cambió mi manera de afrontar nuevas oportunidades. Estuve más dispuesta a probar cosas desconocidas, conocer a nuevas personas y considerar posibilidades más allá de lo que ya conocía. También comprendí mejor la importancia de creer en mí misma, incluso cuando me sentía insegura o enfrentaba desafíos.
Por supuesto, pasar un año en el extranjero no me dio de repente todas las respuestas sobre mi futuro. Más bien, me ayudó a entenderme mejor y a reconocer que mis intereses y metas podían evolucionar a medida que vivía nuevas experiencias. Regresé a casa no solo con un mejor nivel de inglés y los recuerdos de un año inolvidable, sino también con más confianza en mi capacidad para construir mi propio futuro.
Mis consejos para futuros estudiantes de intercambio
Si pudiera darles un consejo a los estudiantes que están pensando en postularse a un programa de intercambio, sería que crean en sí mismos y se tomen la oportunidad en serio. Postularse puede resultar intimidante, especialmente cuando no sabes si te seleccionarán. Sin embargo, creo que estar dispuesto a intentarlo ya es importante por sí solo. Tal vez no sepas cuál será el resultado, pero nunca descubrirás lo que es posible si no das el primer paso.
También animaría a los estudiantes a mejorar su inglés y familiarizarse con el proceso de postulación. Poder comunicarse en inglés facilita la vida cotidiana en el extranjero, desde participar en clases hasta hacer amistades. Al mismo tiempo, los postulantes no deberían sentir que necesitan ser perfectos. Durante mi propio proceso de postulación, las entrevistas me ponían nerviosa, pero aprendí que manejar mi emoción y expresarme con autenticidad importaba más que intentar dar respuestas perfectas. Mi consejo es que te prepares bien, mantengas la calma y seas tú mismo.
Otra cosa importante es conocer tu propia cultura. El intercambio cultural no consiste solo en aprender cómo vive la gente en otro país; también consiste en compartir tus propias raíces y ayudar a los demás a entender de dónde vienes. Durante mi año en Estados Unidos, me di cuenta de cuánto podía aprender la gente sobre Turquía a través de conversaciones cotidianas y experiencias personales. Conocer las tradiciones, la historia y la diversidad cultural de tu país puede ayudarte a hacer que esas conversaciones sean más significativas.
También les diría a los futuros estudiantes de intercambio que aprovechen al máximo cada oportunidad que se les presente. Prueben nuevas actividades, conozcan gente, exploren lugares desconocidos y no tengan miedo de salir de su zona de confort. No todos los momentos serán fáciles y adaptarse a un nuevo entorno puede llevar tiempo, pero incluso las experiencias difíciles pueden enseñarles algo valioso. Algunas de las partes más significativas de mi año de intercambio surgieron de situaciones que nunca habría podido planear de antemano.
Por último, animaría a los estudiantes a explorar oportunidades de intercambio y postularse cada vez que encuentren un programa adecuado para ellos. Sin embargo, es importante recordar que el KL-YES Program solo está disponible para estudiantes de los países participantes, por lo que siempre se deben consultar los requisitos de elegibilidad y de postulación en fuentes oficiales. El programa está actualmente en pausa en Turquía, así que los estudiantes turcos interesados en estudiar en el extranjero también deberían explorar otras oportunidades de intercambio. Una opción a considerar es el Future Leaders Exchange (FLEX) Global Program, que incluye a Turquía entre sus países participantes para el año académico 2027–2028. Sin embargo, los requisitos de elegibilidad y los procedimientos de postulación varían, así que los estudiantes deben consultar el sitio web oficial del programa para conocer la información más reciente antes de postularse.
Mi año de intercambio me enseñó mucho más de lo que esperaba. Mejoré mi inglés, descubrí nuevos intereses, me volví más independiente y desarrollé una mayor confianza en mí misma. Lo más importante es que aprendí que dar un paso hacia lo desconocido puede abrir puertas que nunca imaginaste. Si tienes la oportunidad de dar ese paso, prepárate, sé fiel a quien eres y no dejes que el miedo al rechazo te impida intentarlo. Puede que termines ganando mucho más de lo que esperabas al principio.


